¡Llámanos!

Si eres de las personas a las que les preocupa cómo de buenos son nutricionalmente los productos que ingiere, pero cuando quiere tomar la decisión de escoger lo más adecuado no sabe en qué fijarse: ¡Esta entrada te va a interesar!

Hoy en día la oferta en los supermercados es bastante amplia, disponemos de una variedad de productos de gran parte del mundo en cualquier momento. Esto hace que tendamos a perder el control de lo que terminamos consumiendo, es por ello por lo que este post es necesario para aclarar conceptos sobre el etiquetado nutricional y quedarnos con la mejor opción. Cuando comprendemos lo que hay detrás de las etiquetas, tomar la decisión correcta resulta más sencillo.

Como sabemos un producto que está envuelto en un envase, ya sea bolsa, plástico, caja, lata…trae una serie de información que tiene como finalidad informar al consumidor sobre los compuestos del producto. Sin embargo, actualmente la legislación de etiquetados, las redes sociales, los medios de comunicación, entre otros, no ayudan demasiado a que esta información sea interpretada de manera correcta.

Bien, en cada producto alimenticio que adquirimos en los establecimientos viene dos tipos de información útil para determinar la composición de dicho producto. Uno de ellos es la famosa tabla nutricional (ver imagen1) en la que viene reflejado los valores numéricos de cada nutriente del producto. Suele presentarse por 100g de producto o incluso por cantidad ingerida si viene en una cantidad distinta a 100g. Y la otra parte (la más olvidada, pero la más importante) es la lista de ingredientes (ver imagen2).

Imagen 1. Tabla nutricional
Imagen 2. Lista de Ingredientes

Es habitual mirar solamente la tabla nutricional del producto, sin embargo, esta información no es suficiente para determinar la buena o mala calidad nutricional de éste. Podríamos pensar que al ser bajo en calorías es un producto adecuado, pero su materia prima deja mucho que desear al introducir grasas de baja calidad nutricional (aceites vegetales refinados), azucares simples añadidos, sal, potenciadores de sabor, entre otros.

Es por ello, que mirar la lista de ingredientes es lo más importante a la hora de valorar si ese producto puede formar parte de nuestra alimentación o no. Usemos como ejemplo la imagen del tomate frito, si sólo miramos la información nutricional (tabla), podríamos decir que es un buen producto ya que en 100g de producto “sólo” hay 74 kcal. Sin embargo, si vemos con más detalle la tabla nos indica que tiene 7,4 g de azúcar por cada 100g de tomate frito y 1,1 g de sal. Bien, esto ya debería hacer que descartemos el producto. Se dice que es alto en azúcar cuando ésta aparece por encima de 7g por 100g de producto y alto en sal cuando pasa 1g de sal por 100g de producto. Además, al ver la lista (infinita) de ingredientes vemos que el segundo es un aceite refinado (girasol) y de tercero y cuarto si, azúcar libre.

Ahora ya sabemos que lo más importante no son los números de la tabla nutricional, sino, valorar la calidad del producto leyendo la lista de los ingredientes. Es decir, es más importante la calidad de los ingredientes utilizados, que la cantidad de cada nutriente expuesto en la tabla. Por otra parte, hay que saber que por ley los ingredientes aparecen en orden decreciente. Ya que, el primer ingrediente que aparece es el que se encuentra en mayor proporción, mientras que el último sería el que está en menor cantidad.

Otra forma de descartar o añadir un producto a la cesta de la compra es mediante estos 3 consejos:

  • Si el primer ingrediente de la lista no coincide con el título del producto, NO LO COMPRES.
  • Si el azúcar (da igual el nombre que utilicen) está entre los 3 primeros ingredientes, NO LO COMPRES.
  • Si la lista tiene más de 5 ingredientes, NO LO COMPRES.

Veamos un ejemplo claro de un producto que podríamos descartar mediante estos 3 consejos…

El título del producto es “crema de champiñones”, por lo cual cabría esperar que los champiñones estén entre los primeros ingredientes. Sin embargo, cuando leemos la larga lista de ingredientes, los champiñones se encuentran al final del mismo. De hecho, podría llamarse crema de cebolla o crema de trigo ya que están antes que los champiñones.

Así que, podríamos descartar este producto siguiendo el primer consejo simplemente. El segundo consejo es que si el azúcar está entre los 3 primeros ingredientes no deberíamos comprarlo, pero el azúcar ocupa el sexto lugar en la lista por lo cual pasaría la prueba. A pesar de que el azúcar no está entre los primeros ingredientes, el segundo ingrediente es la sal y de tercero grasa de palma, por lo cual no deberíamos comprarlo igualmente. Finalmente, el tercer consejo es que si la lista tiene más de 5 ingredientes no deberíamos comprarlo, pues esta crema tiene nada más y nada menos que 14 ingredientes. De modo que sobra decir que no deberíamos gastarnos dinero en esta “crema de champiñones”.

Si siguiéramos la costumbre de sólo fijarnos en la tabla de información nutricional, vemos que los valores no son muy alarmantes, no obstante, como ya pudimos comprobar, la calidad de los ingredientes no son los adecuados y la ingesta constante de los mismos a la larga provocan serios problemas de salud.

Podríamos seguir hablando sobre distintos productos que se ofertan como saludables y “naturales” que no pasan la prueba de apto para la compra, pero entonces el post sería infinito. Es preferible que afiancemos los conocimientos adquiridos y a partir de aquí ir tomando decisiones con más criterio. No olvides que tu alimentación debe basarse principalmente en productos frescos (frutas, verduras, legumbres) y que a pesar de que haya muchos productos que no pasen la prueba de aptos para la compra, hay muchos otros que si lo pasan y de los cuales hablaremos en otra entrada más adelante. Mientras tanto, sigue los consejos y verás como tu cesta de la compra será mucho más saludable.

Recuerda…

¡Come bien, vive mejor!

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